Hoy me he colgado de una pared de verdad por primera vez. No de un muro del parque: de un rocódromo, con pies de gato alquilados y más miedo que técnica.
Lo que esperaba
Pensaba que la escalada era cosa de brazos. Tardé diez minutos en descubrir que es cosa de pies, de cadera y de no entrar en pánico cuando te quedas sin presa buena.
Lo que aprendí
Tres cosas: mirar los pies antes de mover las manos, respirar en los pasos duros y que el V0 también cuenta. Todo el mundo empezó siendo malo en esto.


